Ximena Vera, de Avilés a Suazilandia

“Nunca me ha pasado nada en África, ni un susto. El miedo está infundado por las imágenes mentales que tenemos de los sitios, que es una percepción totalmente subjetiva”.

Ximena Vera dejó su Avilés natal en el año 2000 para mudarse a Suazilandia, al UWC Waterford Kamhlaba. Le esperaban dos años llenos de aventuras en los que realizó su servicio social en un orfanato, viajó haciendo autoestop a Mozambique para ayudar en el desastre provocado por las riadas y hasta trabajó en un hotel de cinco estrellas durante una Navidad.  En África reafirmó sus intenciones de ser actriz y cambió su manera de entender el teatro. Pero no os desvelamos más sobre la vida de esta actriz, ¡seguid leyendo para conocer a Ximena!

FotoGafas

Ximena Vera en la actualidad. Ximena Vera.

P: Ximena, ¿cómo conociste Colegios del Mundo Unido?

R: Vi la información en el instituto, allá por los años 90, junto a mi hermana. Ella solicitó la beca un año antes y se fue a UWC Mahindra. Al año siguiente la pedí yo. 

Pensaba que no tenía muchas posibilidades porque soy muy diferente a mi hermana en muchos aspectos y, además, ambas creíamos que sería bastante difícil que dieran dos becas dentro de la misma familia. Encima, mi hermana y yo solo nos llevamos año y medio. 

Al final, envié mi solicitud, que era bastante diferente a la de mi hermana, fui a las pruebas de Madrid y terminé yéndome a Suazilandia.

P: ¿Qué te llamó la atención de Colegios del Mundo Unido para que decidieras presentar tu solicitud?

R: Yo tenía muy de cerca la experiencia de mi hermana, que estaba en India feliz de la vida. Me atraía mucho el aspecto internacional porque, a pesar de que Avilés es una ciudad muy pequeña, me rodeaba de gente de todo el mundo. Mi profesora de ballet era francesa, mis profesores de música (toco el chelo desde pequeña) eran rusos, japoneses, húngaros… Quería estar rodeada de otras culturas.

También el programa del IB me parecía muy interesante, el poder tener unos estudios en los que, aparte de las asignaturas, tenías actividades de desarrollo: podías participar en obras de teatro, en producciones, crear música…

Además, conseguí terminar mis estudios de Grado Medio en Sudáfrica. Iba una vez al mes a Pretoria con una profesora para prepararme el examen de Grado Medio de violonchelo por la Royal School of Music.

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Tocando el chelo. Ximena Vera.

En mi estrechez mental del momento, cuando tenía que poner la lista de colegios a los que quería ir, yo tenía Inglaterra, Italia y todo así súper “safe”. Yo solo pensaba “tengo que terminar mis estudios de chelo”. Y luego, mira tú, en Sudáfrica encontré una profesora que había estado estudiando en Oviedo con mi profesor ruso.

P: Wow, ¡qué casualidad!

R: Sí, en mi experiencia de Suazilandia me pasó todo lo que me tenía que pasar. Casualidades de estas de la vida en las que dices, “estoy en el lugar del mundo en el que tengo que estar ahora mismo”.

También tuve mucha suerte con mi link familiy. No sé si este programa está en los demás UWC, pero en Waterford te ponían en contacto con familias de allí. Mi link family a día de hoy son como mi segunda familia, sigo en contacto con ello, a su hija le pusieron el nombre que yo les sugerí, vinieron a visitarme aquí… Son como mis segundos padres. Suazilandia es un sitio muy mágico y muy alucinante en sí, la experiencia fue maravillosa.

P: ¿Cómo fueron los días previos a tu marcha?

R: Es una sensación de “que sea lo que Dios quiera”. Yo estaba intentando apurar con el inglés todo lo posible para llegar y enterarme de lo máximo, pero he de decir que los tres primeros meses de clase no me enteré mucho de lo que acontecía. 

Si que tenía la sensación de empezar una nueva etapa de mi vida totalmente diferente, que iba a ser un antes y un después.

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En el colegio. Ximena Vera.

P: ¿Que te decían tus amigos y familiares?

R: Había familiares que vivían estos días con mucha ilusión y luego estaban los típicos que te decían “ten cuidado”. A mi madre, sobre todo, le decían, “¿tú estás segura? Mira si les pasa algo…”. Me parecía súper injusto.

Yo creo que ahí mis padres fueron muy valientes porque es difícil como padre que te digan eso. Además, te puede pasar algo en cualquier sitio. Nunca me ha pasado nada en África haciendo autoestop, ni en Johannesburgo, ni en Mozambique… Nada, ni un susto. Estos miedos están infundados por las imágenes mentales que tenemos de los sitios, que es una percepción totalmente subjetiva.

P: Finalmente, llegó el día de partir… ¿cómo fue?

R: En el primer viaje iba con el chico catalán, Arnau, de mi año. No me acuerdo de la despedida pero sí del viaje porque fue muy divertido y teníamos bastantes escalas.

Ahora hay un servicio genial de combi a Suazilandia desde Johannesburgo, pero en esos tiempos tenías que coger un avión de Johannesburgo a Manzini, que es el aeropuerto de Suazilandia.

No me he reído más en mi vida, íbamos en un avión pequeñito y solo veíamos campos y campos. De repente el avión empieza a bajar y nosotros solo veíamos campo, ni pista ni nada. Cuando ya estábamos tocando el suelo, vemos una casetilla, que era el aeropuerto por aquellos tiempos.

Arnau y yo nos mirámos y flipábamos. Encima, cuando llegamos, Arnau va y se saca un hámster del bolsillo, que se lo había llevado de mascota y lo había ido cambiando de lugar en cada control de seguridad.

Vídeo de UWC Waterford Kamhlaba.

P: ¿Cómo fueron tus primeros días en el colegio?

R: Los primeros días fueron geniales. Las actividades de la Orientation Week fueron ir a los parques naturales y hacer un Community Service a un campo de refugiados. Fue una introducción fantástica al país y a las actividades que íbamos a hacer en los siguientes dos años.

P: ¿Cómo era el colegio?

R: Yo había estudiado en un colegio público en Avilés, y a mí me resultó más conservador que a lo que yo estaba acostumbrada. También en Suazilandia hay una parte de la población que es bastante religiosa. Eso, culturalmente, a mi me parecía muy diferente.

Luego, el plan de estudios era fascinante. Era muy autodidacta en cuanto a que tu tenías que buscar la información… En mi colegio de Asturias me habían diagnosticado altas capacidades de adolescente y tenía serios problemas en clase de concentración porque me aburría muchísimo. El conservatorio me mantenía un poco más motivada.

El colegio de Suazilandia me encantó justo por eso, porque era muy fácil estar motivada. Dependía de ti en primer lugar, no te lo daban todo hecho, tú tenías que estar buscando toda la información y había mucho espacio creativo en todas las asignaturas. 

También dediqué mucho más tiempo a las asignaturas que tendrían que ver con mi vocación después. Hice siete asignaturas, ya que quería coger música y teatro, y como no las podías encajar en las seis, hice música como extra. Me pasaba la vida en el teatro. Teníamos que hacer un proyecto personal y yo hice dos (risas). Escribí mi primera obra allí, mi primer personaje fue Yerma en el House of Fire, que lo construyeron ese año.

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En el musical “Cats”. Ximena Vera.

Allí yo reafirmé que me quería dedicar al teatro. Hasta las asignaturas que en principio no tenían nada que ver conmigo, como Matemáticas o Environmental Systems, también las disfruté. Historia me encantó, porque hacíamos Historia del mundo pero también Historia africana. Fue fascinante, teníamos una profesora que era una maravilla, También me encantó el profesor de Theory of Knowledge.

P: ¿Cómo eran tus compañeros?

R: Geniales. Sigo en contacto con bastante gente, de Madrid, de Suazilandia (porque he ido regularmente estos años)… Cuando terminas el segundo año hay una diáspora interesante, de cada uno a su país o a otro país a estudiar y yo creo que eso hoy en día es diferente con las tecnologías… Cuando apareció Facebook fue como “¡Fulanito, Menganito!” Y los vas encontrando a todos. Es como “el reencuentro”. 

También te digo que aunque no veas a alguien en diez años, como lo compartido es tan fuerte, tan único, tienes la capacidad de reunirte con alguien aunque no tuvieras una súper amistad en el colegio, porque también somos muchos y no teníamos tiempo de profundizar con todos.

P: En general, ¿cómo fue la experiencia?

R: Transformadora y un renacer. Todos venimos de África, el origen de la raza humana está ahí y hay algo muy potente a nivel energético. Hay algo de volver a ese lugar y sentirte que estás en casa. Para mí es un punto de referencia en mi vida. Hay mucha sabiduría grupal allí y también la forma que tienen de entender el arte… El teatro en Suazilandia es un punto de encuentro de la comunidad y hay algo ritual en ello. Yo eso lo he integrado totalmente. No escribiría las obras de la misma forma, no dirigiría de la misma manera si no hubiera pasado por allí.

P: ¿Lo mejor? ¿Y lo peor?

R: Lo mejor son todos los retos y el mundo de posibilidades que se te abren. Y lo peor es que hay muchas experiencias que me quedaban grandes a nivel emocional. Había situaciones que me superaban.

Hubiera sido interesante tener un equipo de Counselling más presente. Creo que los alumnos necesitan acompañamiento, porque aparte de las típicas cosas que te pasan con esa edad (tengo mucho estrés de los estudios, me enamoro, me desamoro, etc.), súmale que estoy lejos, que tienes que lidiar con un montón de cosas nuevas, que vas a tu Community Service que es un orfanato y ves situaciones que tienes que encajar de forma adulta…

Lo mejor y lo peor es lo mismo, es el reto tan increíble del mundo que se te abre y tener herramientas para integrarlo muy rápido.

P: ¿Viajaste mucho durante esos dos años?

R: Pues como me gasté casi todo lo que tenía en ir a clases de chelo a Pretoria una vez al mes, la verdad es que no me quedó mucho remanente. Pero sí que viaje a Mozambique y por Sudáfrica.

En mis primeras vacaciones allí, en el 2000, Mozambique se había inundado y me fui a Maputo haciendo autoestop. Me planté en la Embajada de España y les dije que en qué podía ayudar. Me pusieron en contacto con dos trabajadoras de Cáritas que habían enviado porque estaban en estado de emergencia e hice un viaje alucinante con ellas por todas las zonas del norte de Mozambique que habían sido afectadas por las riadas.

Fui conociendo a un montón de misioneras que estaban trabajando allí todo el año, vi todo el dispositivo de emergencia, como funcionaba el plan mundial contra el hambre, las colas de gente esperando toda la noche por un saco de comida. Fue muy interesante ver como funcionaba el tema de ayuda internacional en esas circunstancias.

Luego, unas Navidades que me quedé allí, encontré un trabajo en un hotel de cinco estrellas de Suazilandia. Les ofrecí trabajar amenizando las cenas tocando el chelo en el restaurante. Fue el mejor trabajo que he conseguido en mi vida, y tenía 17 años. Estuve allí una semana viviendo en el hotel de cinco estrellas. Yo tocaba el chelo dos horas durante las cenas y el resto del día, como allí en Navidad es verano, estaba en la piscina remojándome. Era una semana que justo mi link family se iba a Zimbabue.

P: Ximena, ¿quién eres ahora? ¿qué pasó después de esta etapa en Colegios del Mundo Unido?

R: Después de UWC me fui a Inglaterra e hice un Foundation Course, como el preuniversitario en actuación. Estuve como dos años haciendo pruebas para entrar en la Escuela de Arte Dramático de Londres porque tienes que hacer un proceso de selección muy exhaustivo y hay solo 30 plazas en cada escuela.

Entré en el Royal Center School of Speech and Drama, que era donde yo quería entrar, estuve 3 años haciendo mi BA in Acting. Terminé y estuve un tiempo allí trabajando pero decidí venirme a España porque iba a ser más fácil. Ser actor es Londres es un poco complicado, necesitas tener un trabajo regular.

Me vine a Madrid, estuve en varios proyectos, empecé a hacer coaching para actores en cine, trabajé en un par de pelis… También hago cursos de English for Actors y hace 3 años empecé con mi propia compañía de teatro. El último proyecto, que hemos estrenado hace poco, está inspirado en el libro Mujeres que corren con los lobos, un best seller feminista de los años 90. Es una recopilación de cuentos de diferentes culturas. Reinterpreté cuatro cuentos que me parecían relevantes a la experiencia de ser mujer en el mundo que son Las zapatillas rojas, La vendedora de fósforos, Barba Azul y La mujer esqueleto.

La obra es un homenaje a muchas mujeres y la motivación con ella es darnos cuenta de que hay “un nosotras” muy potente. Yo quería crear en este espectáculo un lugar de refugio, encuentro y sanación. Y es reivindicativo desde una energía de recoger, de cuidarnos y sentirnos en grupo. 

También estoy en Cuéntame, llevo cuatro temporadas con un papel pequeñito, y lo que voy a empezar ahora son talleres de dramaterapia para mujeres basados en el proceso de la obra de teatro. 

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P: Un consejo para los futuros alumnos…

Que estén muy en el aquí y el ahora de la experiencia. Por mucho que puedas echar de menos tu casa, tu familia y tus amigos, todo va a estar ahí cuando vuelvas. Que absorban al máximo todo lo que tienen alrededor.

P: ¡Gracias, Ximena!

R: ¡Gracias a ti!

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