‘En UWC descubres cosas de ti que no sabías, es un entorno para eso’

En el año 1997 y sin conexión a Internet, Albert Lluís conocía de Canadá lo que había buscado en los atlas de su casa. Cuando llegó a Pearson College UWC, era el más joven de la escuela: ¡solo tenía 15 años!

El ciclo de Bachillerato Internacional en UWC marcó un antes y un después en su vida y, aunque reconoce que fue “un proceso duro”, no quería que acabase. “Era feliz allí”, afirma, “además, descubres cosas de ti que no sabías, es un entorno para eso. Venías sabiendo tocar el violín con los pies y ahora eres el mejor haciendo cerámica”.

Hace unos meses, Albert volvió a Pearson para realizar un voluntariado. ¿Quieres saber cómo le fue? ¡Sigue leyendo!

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Albert durante su etapa en el colegio. Albert Lluís.

P: Albert, ¿cómo conociste Colegios del Mundo Unido?

R: A través de mi hermano, que había ido el año anterior a Waterford Kamhlaba UWC, en Suazilandia.

P: ¿Por qué decidiste presentarte?

R: Tengo que confesarte que al principio no me veía capaz. Veía a mi hermano mayor como mi héroe y pensaba “él sí que puede, pero yo no”. Después de hablarlo con la familia, me empezó hacer ilusión el poder tener una experiencia de este tipo. Veía que no tenía mucho recorrido en el entorno y en el colegio en el que estaba.

P: ¿Cómo fue ese proceso de preparar la documentación?

R: La preparación de la documentación en mi caso todavía era a mano, no había formulario online. Lo que sí que hice fue prepararme la solicitud en el ordenador y también pedí ayuda a personas con las que tengo confianza (mis padres, algún profesor…). Al final la envié por correo certificado el último día.

P: ¿Y el proceso de selección?

R: Estuve preparándome mucho para las pruebas presenciales y practicando con mis padres y con profesores para coger soltura a la hora de responder. Era un poco poder responder a cualquier cosa que se te planteaba en ese momento y tener la fluidez, la soltura y la honestidad que tocaba. No era preparar respuestas, sino, simplemente, desbloquearme.

La verdad es que me lo pasé muy bien durante todo el proceso de selección. Claro, con toda la preparación que había hecho, el combate final se me quedó corto. Eran siete minutos y yo estaba acostumbrado a hablar del tirón una hora. En los años posteriores, he recomendado a la gente que se va a presentar que se preparen mucho las pruebas porque en siete minutos tienes que brillar. 

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Con amigos. Albert Lluís.

P: ¿Dónde estabas cuándo te dijeron que habías sido seleccionado?

R: Estaba en casa y llamaron al fijo, antes no había móviles. Era Berta y me preguntó, “oye, ¿tú qué crees?” Y yo le dije (risas), “yo creo que sí”. Me dio una alegría inmensa.

Al día siguiente o dos días más tarde, me llamó para pedirme la confirmación de los tres colegios que, si no me equivoco, escogí Canadá, Gales y Hong Kong. Por lotería, me tocó Canadá y ahí sí que me acuerdo de correr por la casa para arriba y para abajo.

El tema de Internet por aquellos entonces, mal, así que me puse a mirar los atlas del mundo para ver el lugar al que me iba. Después me pasaron el contacto de mi segundo año y, a partir de ese momento, ya estuve hablando con él. 

P: ¿Cómo fueron los días previos a tu marcha?

R: No me acuerdo mucho… Solo sé que coincidió con que me fui un dos o tres de septiembre. La verdad es que solo recuerdo que se había muerto Lady Di el día 30 o 31 de agosto y la Madre Teresa. Pero no recuerdo nada de la preparación (risas)

P: ¿Te acuerdas del día de tu marcha?

Sí, de eso sí me acuerdo. Me acompañaron unos cuantos familiares al aeropuerto y estaba súper contento. Era la primera vez que me iba solo por ahí. Yo tenía 15 años, ya no se acepta eso. Cuando llegué a Pearson era el más joven de toda la escuela.Y lo recuerdo con ilusión, la verdad.

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En las afueras del colegio. Albert Lluís.

P: ¿Cómo fueron tus primeros días en el colegio?

R: Fue un subidón energético brutal. La primera semana es de orientación y fue alucinante poder conocer a gente distinta. 

Recuerdo todo de esa semana con mucho cariño, mi segundo año me ayudó un montón y también los profesores. En general, fue un proceso muy duro, pero no quería que terminara. Yo era feliz en el día a día y, por mucha dureza que hubiese, no quería que acabase, no quería que fuese una cuenta atrás. Era feliz allí.

P: ¿Cómo era el colegio?

R: El colegio es precioso. Está en la bahía. Tiene una reserva natural que es una isla con un faro. Si tienes suerte, ves focas, leones marinos, orcas… A veces hasta se presentan en el colegio ciervos y mapaches, que se ponen en los cubos de basura.

Es un sitio especial: las casas son de madera, hay un teatro, un observatorio, cafetería y más edificios… Está todo integrado con el paisaje local, que son árboles perennes y, además, la temperatura es como la que podríamos tener por aquí, aunque parezca mentira. Llueve mucho más, quizá como en Londres, pero nieva un día o dos al año, como mucho. Se mantiene verde todo el año y es muy acogedor.

Además, solo estás con estudiantes de UWC, solo los 200 estudiantes del colegio. Es exclusivo, es una burbuja, pero esa burbuja mola porque es tu burbuja.

Vídeo de las instalaciones del colegio. Pearson College UWC.

P. ¿Cómo eran las clases?

R: La verdad es que empezábamos sobre las ocho y acabábamos a la una, una y pico o dos. Comíamos a las doce. Los miércoles acabábamos a las once y cuarto para poder hacer nuestro servicio comunitario y las actividades por la tarde. El nivel del IB era alto y el programa académico estaba bien estructurado.

Yo nunca he sido muy buen estudiante y al final me lo saqué con una nota más que aceptable. Nunca he disfrutado estudiando, pero sí que disfrutaba la experiencia de estar con los profesores, de estar con los alumnos, y no tanto de las materias en cuestión. Así que le dedicaba más tiempo a mis actividades y al servicio social y no tanto a estudiar.

P: ¿Como eran los profesores?

R: Los profesores eran muy buenos y, además, vivían en el campus. Mantenías otro tipo de relación con ellos, y eso le daba una calidad diferente a la experiencia.

P: ¿Y tus compañeros?

R: Pues los mejores del mundo. Veinte años después sigo en contacto con ellos. Yo tengo dos o tres grupos de amigos, pero el principal es el de Pearson, luego el de los amigos de la universidad y, después, el de los amigos del trabajo. Mi gente son ellos, junto con los de la universidad.

Si yo necesito algo o si ellos necesitan algo, estamos todos por todos. Hemos evolucionado todos, cada uno por nuestro camino, pero nunca nos hemos separado. Y eso es fácil de decir pero difícil de hacer. Al final se hace fácil porque nos queremos y nos hemos visto evolucionar. Nos conocimos sin barba y ahora cada uno ya ha formado sus familias, ha pasado por momentos difíciles, momentos buenos y todo lo hemos podido compartir y superar juntos. Eso no tiene precio. 

P: ¿Qué actividades hacíais en el colegio?

R: Había de todo. Yo me centré en hacer submarinismo, luego hice un tiempo cerámica, aprendí a tocar la guitarra, hice danza ucraniana, danza jordana, etc.

Como servicio social, estuve un año y pico con un grupo de adolescentes discapacitados. Íbamos una vez a la semana a verlos y pasábamos la tarde haciendo una pequeña excursión o jugando con ellos…

Me acuerdo que una vez tuve un retraso con la entrega de un trabajo de literatura española y le pedí al profesor si me podía saltar el servicio social para hacer el trabajo y no me dejó. Me dijo “no, esto es lo prioritario, tienes que ir, tienes que hacer el servicio social”. En UWC es importante hacer el servicio social y, a la larga, agradeces esas prioridades.

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Practicando submarinismo. Albert Lluís.

P: En general, ¿cómo fue la experiencia?

Mira, yo tengo dos momentos claves en mi vida: esos dos años en UWC y el año y medio sabático que me tomé hace poco. Son dos momentos vitales para mí que me han hecho crecer más de lo que podía haber crecido siguiendo como tal y como estaba.

Esos dos años en UWC son los dos mejores años de mi vida. Y, por suerte, ahora he podido vivir este año sabático y lo puedo poner a la altura de esto, por lo que significó para mí, personalmente, y lo que significó para la gente a la que yo he podido influenciar posteriormente a estos dos momentos de mi vida.

Te voy a contar una anécdota personal: yo con todo el tema este de Cataluña había entrado en “modo odio” hacia España y hacia la política española. Hasta que una semana después, frené y me di cuenta de que eso no era lo que me habían enseñado en UWC. Volver a esos orígenes y a esas enseñanzas básicas yo se lo debo a Pearson, eso es lo que busca el colegio, que hagamos las cosas distintas, que las hagamos con amor, con ilusión, con entendimiento, con empatía, aunque haya diferencias. Y este es el impacto de Pearson veinte años después, por encima del instinto está todo esto y esa es la suerte que yo he tenido.

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Vuelta a Pearson veinte años después. Albert Lluís.

P: ¿Lo mejor?

Lo mejor es poder estar en un sitio en el que, siempre pongo este ejemplo, el más tonto sabe tocar el violín con los pies. Estar con gente que tiene curiosidad, ganas, ilusión, que son emprendedores… ¡Eso es lo mejor que hay! Que exista un entorno en el que cada uno pueda brillar a su manera es muy difícil de encontrar.

P: ¿Y lo peor?

R: Lo peor es que estás en plena adolescencia, no estás del todo definido y es un momento crítico. Hay gente que no lo aguanta, que a los pocos días o semanas se van y otros que caen en el segundo año.

La gran mayoría tiene varios momentos de dificultad, como estar lejos de la familia, estar perdido, tener presión a nivel académico, tener presión por el horario a cumplir y, en su día, la comida tampoco no era muy buena (las chicas ganaban fácilmente entre diez y quince kilos y los chicos perdían entre cinco y diez kilos).  También tienes amores, desamores y multiamores que tienes que saber gestionar.

Son muchas pelotas en el aire que tienes que saber mantenerlas ahí. Es una situación muy complicada, pero si tienes el apoyo familiar, el apoyo de tus amigos y el apoyo de tus profesores, puedes sacarle el máximo provecho. Y, además, descubres cosas de ti que no sabías, es un entorno para eso. Venías sabiendo tocar el violín con los pies y ahora eres el mejor haciendo cerámica.

P: ¿Quién eres ahora?

R: Después del colegio volví a Barcelona, fui a la universidad y estudié Administración y Dirección de Empresas. Luego entré en el mundo de la consultoría tecnológica, trabajé como consultor en un par de empresas y, más tarde, fundé mi propia empresa junto con mis antiguos jefes.

En esta empresa empezamos tres personas y dos años después éramos 50 personas. Al cabo de cuatro años y medio, después de haber estado diez años trabajando en el mundo de la consultoría, necesitaba un descanso y me cogí un año sabático.

Vendí mis participaciones para no mirar atrás y, durante este tiempo, he estado viajando, descansando, leyendo y aprendiendo a dibujar. Una vez hecho lo que tenía que hacer, me he puesto como autónomo en el mundo de la consultoría y trabajo por proyectos.

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Albert Lluís en la actualidad. Albert Lluís.

P: Nos hemos enterado de que hace poco volviste al colegio para realizar un voluntariado…

R: Sí. Desde que leí que existía esa oportunidad, me atrajo la idea de poder volver al colegio durante un año académico y no sólo en el contexto de una reunión de antiguos alumnos.

Es muy distinto poder ver cómo han evolucionado las cosas veinte años después de mi partida. Era una oportunidad perfecta para ver cómo piensa la generación actual, qué inquietudes tienen, qué les preocupa e, incluso, saber si la tecnología ha cambiado a mejor o a peor la experiencia de los dos años.

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Durante el voluntariado en Pearson. Albert Lluís.

Mi idea también era poder mostrarles cómo podía ser la vida después de Pearson. Muchos nos sentimos presionados al pensar que si no vamos a una universidad de élite y acabamos siendo “Presidentes del Mundo”, no somos nadie. Quería demostrarles que no es así. Y que se pueden hacer muchas cosas diversas y que lo mejor, muchas veces, viene después de los dos años.

Durante las tres semanas que estuve, procuré pasar el máximo de tiempo posible con ellos, escuchándoles, preguntándoles, participando dentro y fuera de clase, montando talleres, ayudando en el evento TEDx, clases de dibujo, alpinismo, buceo, body combat, debatiendo dentro y fuera de la cafetería, ayudando en sus iniciativas creativas parte del IB e incluso participando en algún círculo de ayuda entre alumnos. Tuve la suerte de poder coincidir durante mi estancia con Raquel Moya (PC año 6, Madrid) lo que hizo la experiencia más especial todavía. Ella avistaba el cambio a 40 años vista y yo a 20 años vista. Y el contraste para los chavales fue estupendo.

No suele haber nunca un “momento adecuado” para este tipo de voluntariados porque las vidas de cada uno están repletas de obligaciones. Pero si pudiese animar a los antiguos alumnos de Pearson que lo hiciesen, recomendaría que hayan pasado ocho años o más desde la partida de Pearson e ir en enero/febrero después de las vacaciones de Navidad y antes del show de One World. Es un momento “valle” que permite la interacción entre antiguos alumnos y alumnos actuales.

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Voluntariado en Pearson. Albert Lluís.

P: Y para terminar, un consejo para los futuros alumnos…

R: Esto vale la pena si tienen ilusión, que sepan que hay un antes y un después. Que no lo hagan por sus padres, ni por glamour ni porque toca. Si se embarcan en esto que sea porque les hace ilusión de verdad. Si es por otros motivos, no tiene sentido.

P: ¡Muchas gracias, Albert!

R: ¡Gracias a ti!

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