Musimbi Kanyoro, presidenta del Fondo Global para Mujeres, nombrada presidenta de la Junta Internacional de UWC

Hoy os traemos una noticia que afecta a todo el movimiento UWC, el nombramiento de la Dra. Musimbi Kanyoro como Presidenta entrante de la Junta Internacional de UWC.

En este cargo, brindará orientación estratégica al movimiento de UWC tanto interna como externamente, actuando como embajadora y ayudando a avanzar en la misión de UWC de hacer de la educación una fuerza para unir a personas, naciones y culturas por la paz y un futuro sostenible.

La Dra. Kanyoro fue elegida para el cargo por el Consejo Internacional de UWC, el máximo órgano de gobierno del movimiento de UWC, reunidos el último fin de semana del pasado mes de octubre en UWC Dilijan en Armenia. Comenzará su mandato como Presidenta de la Junta el 1 de enero de 2019, sustituyendo a Sir John Daniel, quien ha desempeñado  este papel desde 2013.

“Estoy emocionada porque la educación para mí es realmente un aspecto muy importante del desarrollo humano, para las personas que viven juntas y para el empoderamiento personal de las personas. Por lo general, cuando me piden que nombre tres cosas que son importantes para el desarrollo digo: educación, número uno; educación, número dos ;y educación, número tres .” dijo en su discurso de nombramiento. 

Musimbi Kanyoro (Kenia, 30 de noviembre de 1953) es una apasionada defensora del cambio social y de los derechos humanos de niñas y mujeres. Nacida en la Kenia rural, se mudó a Nairobi donde acabó sus estudios de secundaria y formó parte del movimiento social contra el sistema apartheid que más tarde la llevaría a dedicar su vida a la defensa y la protección de la mujer.

Con tres décadas de experiencia en la gestión de organizaciones no gubernamentales de corte internacional y programas globales interculturales, Kanyoro es la actual presidenta y directora ejecutiva de la agencia internacional Global Fund for Women y autora de numerosos artículos de opinión y discursos. Asimismo, forma parte de varios grupos internacionales, entre los que se incluyen el Consejo de Administración de Aspen, el Departamento de Alto Nivel de la ONU en materia de salud reproductiva y los consejos de administración de CARE, Intrahealth y CHANGE.

Kanyoro tiene dos doctorados, uno en Lingüística por la Universidad de Austin, Texas, y otro en Teología Feminista por el Seminario Teológico de San Francisco. Asimismo, fue invitada a ser investigadora en el programa Antiguo Testamento y Hebreo por la Universidad de Harvard. Ha recibido varios homenajes que premian su labor, incluyendo un premio al liderazgo por el Gobierno de Kenia. Más recientemente, fue nombrada como una de las 21 mujeres líderes más importantes del siglo XXI.

Ha escrito y coeditado siete libros y se le solicita con frecuencia que sea ponente en múltiples eventos de carácter social especializados en la situación de las mujeres en África.

A continuación os mostramos un vídeo de su participación en TEDWomen 2017 en el que habla sobre el papel de la mujer en la resolución de los problemas del mundo.

 

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¿Quién es Marlon Galvis? La historia detrás de “Piecitos Colorados”

La historia de Marlon Galvis (20, Colombia) parece sacada de una película, pero no es así. En 2006, la Fundación Prosegur llegó a Latinoamérica para poner en marcha un programa de Cooperación al Desarrollo con el objetivo de mejorar la educación integral y la calidad de vida de menores en distintos países del continente. Este programa fue bautizado como Piecitos Colorados, el nombre que las maestras les daban cariñosamente a los niños cuyos pies estaban teñidos de rojo por caminar largos trayectos para poder llegar a clase.

Marlon formaba parte de este programa. A través de la Fundación Prosegur, tuvo su primer contacto con Colegios del Mundo Unido, asistiendo al programa de verano ActionxChange en 2014. Lo que no se imaginaba era todo lo que vendría después de aquello: una plaza para estudiar en UWC Mostar y, dos años después, una beca completa para estudiar en Estados Unidos.

En mayo tuvimos la oportunidad de entrevistarle, aprovechando una charla en la que compartió su historia personal con los alumnos del Colegio Nazaret del Distrito de San Blas de Madrid. Su experiencia nos emocionó y aquí tenéis el resultado.

P: Hola Marlon, ¿qué tal la experiencia de dar esta charla? ¿Cómo te has sentido?

R: Realmente me encantó, me pareció una oportunidad espectacular. Me ilusionaba mucho venir aquí y aprovechar la oportunidad de poder contarle a otras personas mi historia.

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Marlon en el Colegio Nazaret del Distrito de San Blas en Madrid

P: Estudiaste en el Colegio Aguada de Ceferino, en Colombia, un centro que forma parte del programa de Cooperación al Desarrollo “Piecitos Colorados”. ¿Qué significó para ti ser parte de este programa?

R: Cuando Prosegur llegó a mi escuela, estaba súper orgulloso y feliz. La escuela estaba en unas condiciones fatales y Prosegur hizo un cambio estructural inmenso. Si ves fotos de antes y ahora, no puedes imaginarte que es el mismo lugar.

Esta es una parte muy importante para mí siempre que me preguntan por Prosegur, hablo muchísimo de los proyectos que realizan con los estudiantes y con la comunidad. Necesitábamos un cambio estructural pero también de mentalidad. Los estudiantes no teníamos una mentalidad muy positiva, ni los padres tampoco, así que los proyectos que tienen en la escuela que envuelven a la comunidad me parecen espectaculares y muy muy necesarios en este área del país.

P: Estuviste en 2014 en ActionxChange, me imagino que supiste de este programa a través de Prosegur, ¿verdad?

R: Así es.

P: ¿Y cómo fue esta experiencia en el programa?

R: Cuando me nominaron estaba como “bueno, sí…”, pero cuando llegaron los formularios fue como “¡España, al otro lado del mundo!”. Y yo no había salido de este pedacito de tierra. Envié mi solicitud porque era una oportunidad genial, pero pensaba que no iba a pasar. Sabía que había muchos estudiantes queriendo ir, estaba muy lejos, no había tenido muchas oportunidades y tampoco creía que tuviese las características para ser considerado para el programa.

Cuando me dijeron que me iba a España, estaba llorando de una forma que no te puedes imaginar. Cada vez que veo los vídeos digo ,”¿cómo pude llorar tanto?”.

Cuando llegué a España, Madrid me encantó, estuve una semana visitando la ciudad. Luego fui al ActionxChange. Se me dificultó mucho porque no sabía absolutamente nada de inglés. Sin embargo, los facilitadores fueron muy flexibles conmigo. Tal vez éramos dos o tres personas que no dominábamos el inglés y teníamos una persona que nos iba traduciendo las charlas, las actividades… Estuvo fabuloso, todo el ActionxChange fue como un inicio de esta carrera en la que estoy ahora.

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Marlon en el acto de clausura de ActionxChange con representantes de la Fundación Prosegur

P: ¿Fue a raíz de ActionxChange cuándo decidiste ir a Colegios del Mundo Unido?

R: No tenía ni idea de lo que era Colegios del Mundo Unido. Llegué a España, estuve acá y vi un cartel que decía “Colegios del Mundo Unido” y pregunté, “¿qué son los Colegios del Mundo Unido?”. Mi segundo año, Belén, que estuvo conmigo en el campamento y después se fue a Estados Unidos, me estuvo explicando. Yo sabía que era el ActionxChange, sabía en qué se enfocaba el campamento, sabía que iba a haber gente de muchos países, pero no sabía que era UWC.

Después de estar en ActionxChange, de aprender tantas cosas y conocer a tanta gente, me quedé con ganas de más. Pensé, “esto es solo un partecita de lo que podría vivir en dos años, ¿por qué no intentarlo?”. Sin embargo, siempre había tenido el mismo problema, dudaba de mis capacidades, no tenía mucha confianza.

Me regresé a Colombia, pude aplicar en el 2014 para la convocatoria de 2015, pero solo habían 7 cupos para los colombianos. Pensé, “no creo que haya oportunidad para mí ahí”. En esa generación pasaron parte de estudiantes que fueron conmigo al campamento. Luego me hablaron de su experiencia y yo dije, “bueno, no hay nada que perder. Si aplico y no quedo, di lo mejor de mí, pero si aplico y quedo, la experiencia que viene por delante va a ser increíble”.

De primeras, no me seleccionaron con la beca, pero luego UWC Mostar saco otra plaza y me llamó mi Comité Nacional para la entrevista. No había beca, pero la Fundación Prosegur se ofreció a pagar la cantidad que debíamos cubrir por mi plaza. Creo que soy el estudiante con la beca más completa de Mostar. Mi beca pagaba visas, transportes desde mi ciudad a Mostar, me pagaba lo que gasté estando en España cuando estaba consiguiendo la visa… Soy muy afortunado.

P: ¿Y ese momento en el que te llaman y te dicen que tienen una plaza para el colegio de Mostar cómo fue?

R: Bueno, en Colombia se maneja un poquito diferente. Cuando me llamaron para hacerme la entrevista, la primera vez, yo creí que me llamaban para algún curso corto de los comités nacionales. Cuando me dijeron que no estaba seleccionado, me dio muy duro.

En la segunda vez, cuando recibí el correo de que estaba aceptado en Mostar, no fue una llamada telefónica, estuve gritando por toda mi casa y llorando. Mi papá llorando también. No me lo podía creer.

P: ¿Tenías ubicado Mostar?

R: No (risas). Tuve un año y medio para investigar sobre los colegios, sobre el IB, sabía que había un colegio en Mostar y cuál era su objetivo, pero nunca lo ubiqué en el mapa. Sabía dónde estaban los demás colegios porque están en sitios que te los nombran y, obviamente, ya sabes donde están.

Pero los colegios de Armenia y Bosnia… No tenía ni idea. Lo primero que hicimos fue, “Mostar, Bosnia-Herzegovina, vamos a buscarlo en el mapa”. Mis padres tampoco tenían ni idea de donde estaba.

P: ¿Cómo fue el día que partiste hacia el colegio? ¿Te acuerdas?

R: Ese probablemente fue uno de los momentos más difíciles de UWC, no solamente para mí, sino para mis padres también. Mi mamá estaba muy insegura de dejarme ir. De hecho, cuando me dieron la oferta ella me dijo, “no, no cuentes con mi aprobación”. Tenía 17 entonces y para responder a mi Comité Nacional, tenía que contar con la aprobación de ella. Sin eso, no podía salir del país, no podía hacer nada. Fue un proceso bastante largo.

Cuando me fui estuvieron muy tristes. Estuvimos hablando como tres veces al día por una hora y media, dos horas. El 90% del tiempo hablando con ella, contándole que estaba pasando. Llegamos al punto que no sabía que contarle, porque tenías una 1 hora y media para contarle lo que había pasado en tres horas (risas). Así que tenía que escribirle absolutamente todo lo que había hecho. Pero ella fue cambiando con el tiempo y al final hablábamos una vez cada tres días, cuando ya nos fuimos acostumbrando más.

P: Tu mamá estaba preocupadísima…

R: Sí, sí, sí…

P: Pero al final te dio su aprobación…

R: Sí, sí lo hizo… Fue un proceso largo y como que no se quedó muy feliz con el hecho de que me fuera. Pero al mismo tiempo sabía que era una oportunidad muy grande y no iba a tener esto en Colombia nunca.

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Marlon en su primera semana en UWC Mostar

P: ¿Cómo fueron tus primeras impresiones del colegio? ¿Cómo llegas? Tuvo que ser un viaje muy largo…

R: Cuando llegué a Mostar estaba muerto. Fue un viaje muy largo, y estaba muy cansado. Además, por lo general soy muy tímido. Mi nivel de inglés era muy bajo, así que realmente no podía socializar con mucha gente. Era como “Hello, how are you? Bye”. Y ahí se acababan nuestras conversaciones. Pasaba mucho tiempo con mi co-año colombiano, con los hispanohablantes, hablando con mis papás… Eso sí, la ciudad me encantó.

Me acuerdo que el primer día estaba aterrorizado. Empecé a oír los cánticos de la mezquita, porque había muchísimas en el lado en el que yo vivía, y estaba como, “Díos mío, ¿que está pasando aquí? ¿será que va a pasar algo en esta ciudad y yo no me entero?”. Yo nunca había visto una mezquita, ni una mujer musulmana cubriéndose, la ciudad aún está en ruinas… Fue un choque, un cambio bastante extremo.

P: ¿Y tus compañeros? ¿Como eran?

R: Admiraba mucho a mucho de ellos. Cada uno tenía como su talento y al inicio tenía complejo y pensaba, “¿cuál es el mío? Todo el mundo es súper talentoso, pueden hacer lo que quieran, y yo ni siquiera sé hablar en inglés”.

Pero poco a poco lo fui superando, fui superando también el inglés. Y estaba como “bueno, si ellos tienen sus capacidades, yo tengo las mías también”. Y ya me fui acostumbrando.

Tenía compañeros muy diferentes, con mentalidades muy diferentes. Yo venía de una comunidad muy religiosa, mis padres son bastantes conservadores… Y de repente enfrentarte a UWC y ver todas esas cosas nuevas que aparecen. El cambio de religiones fue muy grande, y luego ya venían todos los lugares con conflictos, la mentalidad de las personas, la identidad de género… Muchas cosas fueron nuevas para mí. Me costó entender la forma de pensar tan diferente de muchos de mis compañeros, tal vez a algunos sigo sin entenderlos, pero aprendí muy bien a respetarla y a tolerar las diferencias. Cuando vas a una comunidad internacional, por más que intentas encontrar a alguien que se parezca un poquito a ti, es muy difícil.

P: ¿Cómo eran tus profesores?

R: Esa fue otra cosa que me sorprendió bastante. Vengo de una escuela bastante pequeña, sin embargo, los profesores nos apoyaban mucho, teníamos proyectos con la Fundación Prosegur, ellos estaban siempre ahí trabajando con nosotros… 

En UWC ves a un profesor casi las 24 horas al día, algunos incluso vivían en la residencia. Siempre estaban ahí preguntándote “¿entendiste? ¿cómo vas? ¿necesitas ayuda?” Recibí muchísima ayuda de los profesores cuando llegué por el problema del inglés.

También las clases eran muy distintas en comparación con las clases de Colombia, llegando a un punto que no sabes quién es el profesor y quiénes son los estudiantes.

Es una conversación, tú compartes lo que sabes, el profesor aporta… Me encantó. Nada más cuando llegué, la organización de los salones con forma de U, que nos veíamos las caras, para mí era algo muy bueno, tener una interacción directa tanto con tus profesores como con tus compañeros de clase.

P: ¿Qué actividades hacías extra?

R: Al inicio empecé con climbing (escalada), cocina internacional, voleibol, fútbol, también estuve en hiking y trabajando con el campo de refugiados… Siempre que tenía la oportunidad, trataba de intentar algo nuevo. El tiempo que te daba el colegio, al inicio lo aprovechaba mucho en estas actividades, pero a medida que pasa el año, tienes más cosas que hacer y menos tiempo libre. Y también tienes ese grupito de amigos con los que te gustaría pasar parte de tu tiempo libre y tomar un café, ir a caminar…

P: En general, ¿cómo ha sido la experiencia de  estudiar en Colegios del Mundo Unido?

R: Yo creo que he aprendido más en estos dos años que en los otros 18 años de mi vida. Y lo que me parece muy bueno son las cosas que aprendes, no solo académicas, sino las que aprendes para tu vida.

Primero, viviendo solo, y al ser un poco más independiente, tratar de tomar las decisiones por ti mismo y no estar preguntándole a tus padres, “¿qué opinas de esto? ¿Lo apruebas o no?”… Es como aprender a ser más razonable, crítico y pensar, “¿qué va a pasar si tomo esta decisión? ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Cuáles son los beneficios?” Pienso que el factor ser independiente fue muy importante para mí. Aprender de los otros estudiantes… Con tantas diferencias siempre tienes muchas cosas que aprender. También aprender de la cultura del país, de la ciudad…

Graduación
Momento de la graduación de Marlon en UWC Mostar

P: ¿Cómo ha influido en ti? ¿Cómo eres ahora?

R: Una de las cosas que es más notoria es la forma en la que estamos hablando ahora mismo. Hace dos años tenías que forzarme para sacarme una palabra. Pienso que ahora mi comunicación con los demás ha mejorado muchísimo.

También me ha surgido la iniciativa de tratar de localizar cuáles son los problemas que pueden haber en mi entorno y cómo podría aportar a esto, cómo podría mejorarlos. 

P: Te has descubierto a ti mismo…

R: Sí, definitivamente.

P:¿Qué piensan tus padres de esta experiencia ahora?

R: Están encantados. Claramente saben las puertas que UWC me abrió en todo el mundo. Primero, el hecho de tener amigos por todo el mundo. Mi padre, especialmente, lo admira.

También me han felicitado por como me comunico ahora y están muy orgullos por lo que viene, que es la universidad. Cuando estaba en Colombia, me matriculé en la universidad pero no teníamos ni idea de cómo la íbamos a pagar. Y ahora pues ya conseguí una beca del 100% para irme a los Estados Unidos.

P: ¡Enhorabuena! ¿Cuáles son tus planes? ¿Qué vas a estudiar?

R: Voy a estudiar en Idaho. Pero aún no estoy 100% seguro de qué. Pienso que UWC cambia muchísimo eso. En Colombia está la mentalidad de estudiar una ingeniería, algo relacionado con el campo o, si eres muy bueno, con algo que tenga que ver con farmacia o medicina. Ya cuando vienes UWC y descubres todas las cosas que hay… Mi mente cambió de estar matriculado en Ingeniería Ambiental a querer estudiar Educación, que de hecho aún lo quiero, me gustaría ser profesor en el futuro… Ya luego Ciencias Medioambientales y ahora estoy con Biología y otra cosa que me sorprende mucho. Si me preguntaras antes de entrar a UWC, te diría que jamás tocaría Humanidades. Y ahora estoy pensando seriamente en estudiar Economía Política, me llama mucho la atención.

UWC ha tenido un gran impacto en mi vida, en mi formar de pensar y en la manera en la que veo las cosas.

P: Me alegro mucho. ¡Suerte para lo que viene y gracias por esta entrevista!

R: ¡Gracias a ti!

Ximena Vera, de Avilés a Suazilandia

“Nunca me ha pasado nada en África, ni un susto. El miedo está infundado por las imágenes mentales que tenemos de los sitios, que es una percepción totalmente subjetiva”.

Ximena Vera dejó su Avilés natal en el año 2000 para mudarse a Suazilandia, al UWC Waterford Kamhlaba. Le esperaban dos años llenos de aventuras en los que realizó su servicio social en un orfanato, viajó haciendo autoestop a Mozambique para ayudar en el desastre provocado por las riadas y hasta trabajó en un hotel de cinco estrellas durante una Navidad.  En África reafirmó sus intenciones de ser actriz y cambió su manera de entender el teatro. Pero no os desvelamos más sobre la vida de esta actriz, ¡seguid leyendo para conocer a Ximena!

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Ximena Vera en la actualidad. Ximena Vera.

P: Ximena, ¿cómo conociste Colegios del Mundo Unido?

R: Vi la información en el instituto, allá por los años 90, junto a mi hermana. Ella solicitó la beca un año antes y se fue a UWC Mahindra. Al año siguiente la pedí yo. 

Pensaba que no tenía muchas posibilidades porque soy muy diferente a mi hermana en muchos aspectos y, además, ambas creíamos que sería bastante difícil que dieran dos becas dentro de la misma familia. Encima, mi hermana y yo solo nos llevamos año y medio. 

Al final, envié mi solicitud, que era bastante diferente a la de mi hermana, fui a las pruebas de Madrid y terminé yéndome a Suazilandia.

P: ¿Qué te llamó la atención de Colegios del Mundo Unido para que decidieras presentar tu solicitud?

R: Yo tenía muy de cerca la experiencia de mi hermana, que estaba en India feliz de la vida. Me atraía mucho el aspecto internacional porque, a pesar de que Avilés es una ciudad muy pequeña, me rodeaba de gente de todo el mundo. Mi profesora de ballet era francesa, mis profesores de música (toco el chelo desde pequeña) eran rusos, japoneses, húngaros… Quería estar rodeada de otras culturas.

También el programa del IB me parecía muy interesante, el poder tener unos estudios en los que, aparte de las asignaturas, tenías actividades de desarrollo: podías participar en obras de teatro, en producciones, crear música…

Además, conseguí terminar mis estudios de Grado Medio en Sudáfrica. Iba una vez al mes a Pretoria con una profesora para prepararme el examen de Grado Medio de violonchelo por la Royal School of Music.

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Tocando el chelo. Ximena Vera.

En mi estrechez mental del momento, cuando tenía que poner la lista de colegios a los que quería ir, yo tenía Inglaterra, Italia y todo así súper “safe”. Yo solo pensaba “tengo que terminar mis estudios de chelo”. Y luego, mira tú, en Sudáfrica encontré una profesora que había estado estudiando en Oviedo con mi profesor ruso.

P: Wow, ¡qué casualidad!

R: Sí, en mi experiencia de Suazilandia me pasó todo lo que me tenía que pasar. Casualidades de estas de la vida en las que dices, “estoy en el lugar del mundo en el que tengo que estar ahora mismo”.

También tuve mucha suerte con mi link familiy. No sé si este programa está en los demás UWC, pero en Waterford te ponían en contacto con familias de allí. Mi link family a día de hoy son como mi segunda familia, sigo en contacto con ello, a su hija le pusieron el nombre que yo les sugerí, vinieron a visitarme aquí… Son como mis segundos padres. Suazilandia es un sitio muy mágico y muy alucinante en sí, la experiencia fue maravillosa.

P: ¿Cómo fueron los días previos a tu marcha?

R: Es una sensación de “que sea lo que Dios quiera”. Yo estaba intentando apurar con el inglés todo lo posible para llegar y enterarme de lo máximo, pero he de decir que los tres primeros meses de clase no me enteré mucho de lo que acontecía. 

Si que tenía la sensación de empezar una nueva etapa de mi vida totalmente diferente, que iba a ser un antes y un después.

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En el colegio. Ximena Vera.

P: ¿Que te decían tus amigos y familiares?

R: Había familiares que vivían estos días con mucha ilusión y luego estaban los típicos que te decían “ten cuidado”. A mi madre, sobre todo, le decían, “¿tú estás segura? Mira si les pasa algo…”. Me parecía súper injusto.

Yo creo que ahí mis padres fueron muy valientes porque es difícil como padre que te digan eso. Además, te puede pasar algo en cualquier sitio. Nunca me ha pasado nada en África haciendo autoestop, ni en Johannesburgo, ni en Mozambique… Nada, ni un susto. Estos miedos están infundados por las imágenes mentales que tenemos de los sitios, que es una percepción totalmente subjetiva.

P: Finalmente, llegó el día de partir… ¿cómo fue?

R: En el primer viaje iba con el chico catalán, Arnau, de mi año. No me acuerdo de la despedida pero sí del viaje porque fue muy divertido y teníamos bastantes escalas.

Ahora hay un servicio genial de combi a Suazilandia desde Johannesburgo, pero en esos tiempos tenías que coger un avión de Johannesburgo a Manzini, que es el aeropuerto de Suazilandia.

No me he reído más en mi vida, íbamos en un avión pequeñito y solo veíamos campos y campos. De repente el avión empieza a bajar y nosotros solo veíamos campo, ni pista ni nada. Cuando ya estábamos tocando el suelo, vemos una casetilla, que era el aeropuerto por aquellos tiempos.

Arnau y yo nos mirámos y flipábamos. Encima, cuando llegamos, Arnau va y se saca un hámster del bolsillo, que se lo había llevado de mascota y lo había ido cambiando de lugar en cada control de seguridad.

Vídeo de UWC Waterford Kamhlaba.

P: ¿Cómo fueron tus primeros días en el colegio?

R: Los primeros días fueron geniales. Las actividades de la Orientation Week fueron ir a los parques naturales y hacer un Community Service a un campo de refugiados. Fue una introducción fantástica al país y a las actividades que íbamos a hacer en los siguientes dos años.

P: ¿Cómo era el colegio?

R: Yo había estudiado en un colegio público en Avilés, y a mí me resultó más conservador que a lo que yo estaba acostumbrada. También en Suazilandia hay una parte de la población que es bastante religiosa. Eso, culturalmente, a mi me parecía muy diferente.

Luego, el plan de estudios era fascinante. Era muy autodidacta en cuanto a que tu tenías que buscar la información… En mi colegio de Asturias me habían diagnosticado altas capacidades de adolescente y tenía serios problemas en clase de concentración porque me aburría muchísimo. El conservatorio me mantenía un poco más motivada.

El colegio de Suazilandia me encantó justo por eso, porque era muy fácil estar motivada. Dependía de ti en primer lugar, no te lo daban todo hecho, tú tenías que estar buscando toda la información y había mucho espacio creativo en todas las asignaturas. 

También dediqué mucho más tiempo a las asignaturas que tendrían que ver con mi vocación después. Hice siete asignaturas, ya que quería coger música y teatro, y como no las podías encajar en las seis, hice música como extra. Me pasaba la vida en el teatro. Teníamos que hacer un proyecto personal y yo hice dos (risas). Escribí mi primera obra allí, mi primer personaje fue Yerma en el House of Fire, que lo construyeron ese año.

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En el musical “Cats”. Ximena Vera.

Allí yo reafirmé que me quería dedicar al teatro. Hasta las asignaturas que en principio no tenían nada que ver conmigo, como Matemáticas o Environmental Systems, también las disfruté. Historia me encantó, porque hacíamos Historia del mundo pero también Historia africana. Fue fascinante, teníamos una profesora que era una maravilla, También me encantó el profesor de Theory of Knowledge.

P: ¿Cómo eran tus compañeros?

R: Geniales. Sigo en contacto con bastante gente, de Madrid, de Suazilandia (porque he ido regularmente estos años)… Cuando terminas el segundo año hay una diáspora interesante, de cada uno a su país o a otro país a estudiar y yo creo que eso hoy en día es diferente con las tecnologías… Cuando apareció Facebook fue como “¡Fulanito, Menganito!” Y los vas encontrando a todos. Es como “el reencuentro”. 

También te digo que aunque no veas a alguien en diez años, como lo compartido es tan fuerte, tan único, tienes la capacidad de reunirte con alguien aunque no tuvieras una súper amistad en el colegio, porque también somos muchos y no teníamos tiempo de profundizar con todos.

P: En general, ¿cómo fue la experiencia?

R: Transformadora y un renacer. Todos venimos de África, el origen de la raza humana está ahí y hay algo muy potente a nivel energético. Hay algo de volver a ese lugar y sentirte que estás en casa. Para mí es un punto de referencia en mi vida. Hay mucha sabiduría grupal allí y también la forma que tienen de entender el arte… El teatro en Suazilandia es un punto de encuentro de la comunidad y hay algo ritual en ello. Yo eso lo he integrado totalmente. No escribiría las obras de la misma forma, no dirigiría de la misma manera si no hubiera pasado por allí.

P: ¿Lo mejor? ¿Y lo peor?

R: Lo mejor son todos los retos y el mundo de posibilidades que se te abren. Y lo peor es que hay muchas experiencias que me quedaban grandes a nivel emocional. Había situaciones que me superaban.

Hubiera sido interesante tener un equipo de Counselling más presente. Creo que los alumnos necesitan acompañamiento, porque aparte de las típicas cosas que te pasan con esa edad (tengo mucho estrés de los estudios, me enamoro, me desamoro, etc.), súmale que estoy lejos, que tienes que lidiar con un montón de cosas nuevas, que vas a tu Community Service que es un orfanato y ves situaciones que tienes que encajar de forma adulta…

Lo mejor y lo peor es lo mismo, es el reto tan increíble del mundo que se te abre y tener herramientas para integrarlo muy rápido.

P: ¿Viajaste mucho durante esos dos años?

R: Pues como me gasté casi todo lo que tenía en ir a clases de chelo a Pretoria una vez al mes, la verdad es que no me quedó mucho remanente. Pero sí que viaje a Mozambique y por Sudáfrica.

En mis primeras vacaciones allí, en el 2000, Mozambique se había inundado y me fui a Maputo haciendo autoestop. Me planté en la Embajada de España y les dije que en qué podía ayudar. Me pusieron en contacto con dos trabajadoras de Cáritas que habían enviado porque estaban en estado de emergencia e hice un viaje alucinante con ellas por todas las zonas del norte de Mozambique que habían sido afectadas por las riadas.

Fui conociendo a un montón de misioneras que estaban trabajando allí todo el año, vi todo el dispositivo de emergencia, como funcionaba el plan mundial contra el hambre, las colas de gente esperando toda la noche por un saco de comida. Fue muy interesante ver como funcionaba el tema de ayuda internacional en esas circunstancias.

Luego, unas Navidades que me quedé allí, encontré un trabajo en un hotel de cinco estrellas de Suazilandia. Les ofrecí trabajar amenizando las cenas tocando el chelo en el restaurante. Fue el mejor trabajo que he conseguido en mi vida, y tenía 17 años. Estuve allí una semana viviendo en el hotel de cinco estrellas. Yo tocaba el chelo dos horas durante las cenas y el resto del día, como allí en Navidad es verano, estaba en la piscina remojándome. Era una semana que justo mi link family se iba a Zimbabue.

P: Ximena, ¿quién eres ahora? ¿qué pasó después de esta etapa en Colegios del Mundo Unido?

R: Después de UWC me fui a Inglaterra e hice un Foundation Course, como el preuniversitario en actuación. Estuve como dos años haciendo pruebas para entrar en la Escuela de Arte Dramático de Londres porque tienes que hacer un proceso de selección muy exhaustivo y hay solo 30 plazas en cada escuela.

Entré en el Royal Center School of Speech and Drama, que era donde yo quería entrar, estuve 3 años haciendo mi BA in Acting. Terminé y estuve un tiempo allí trabajando pero decidí venirme a España porque iba a ser más fácil. Ser actor es Londres es un poco complicado, necesitas tener un trabajo regular.

Me vine a Madrid, estuve en varios proyectos, empecé a hacer coaching para actores en cine, trabajé en un par de pelis… También hago cursos de English for Actors y hace 3 años empecé con mi propia compañía de teatro. El último proyecto, que hemos estrenado hace poco, está inspirado en el libro Mujeres que corren con los lobos, un best seller feminista de los años 90. Es una recopilación de cuentos de diferentes culturas. Reinterpreté cuatro cuentos que me parecían relevantes a la experiencia de ser mujer en el mundo que son Las zapatillas rojas, La vendedora de fósforos, Barba Azul y La mujer esqueleto.

La obra es un homenaje a muchas mujeres y la motivación con ella es darnos cuenta de que hay “un nosotras” muy potente. Yo quería crear en este espectáculo un lugar de refugio, encuentro y sanación. Y es reivindicativo desde una energía de recoger, de cuidarnos y sentirnos en grupo. 

También estoy en Cuéntame, llevo cuatro temporadas con un papel pequeñito, y lo que voy a empezar ahora son talleres de dramaterapia para mujeres basados en el proceso de la obra de teatro. 

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P: Un consejo para los futuros alumnos…

Que estén muy en el aquí y el ahora de la experiencia. Por mucho que puedas echar de menos tu casa, tu familia y tus amigos, todo va a estar ahí cuando vuelvas. Que absorban al máximo todo lo que tienen alrededor.

P: ¡Gracias, Ximena!

R: ¡Gracias a ti!

“Memorias de una maleta”

El relato de Marina Sánchez, alumna de UWC Adriatic.

Hace un par de meses celebramos un encuentro en el que participaron vari@s exalumn@s de Colegios del Mundo Unido que disfrutaron de las becas de la Fundación Rafael del Pino para estudiar Bachillerato Internacional.

Marina Sánchez (UWC Adriatic, 2016-2018) nos sorprendió al leer un relato escrito por ella misma y titulado “Memorias de una maleta”. En él cuenta la experiencia del bienio en Colegios del Mundo Unido desde el punto de vista de su maleta, un texto que nos emocionó y que hoy queremos compartir con vosotr@s. Seguro que más de un@ se siente identificado al leer sus palabras.

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Marina Sánchez en UWC Adriatic. Maya Belova.

 

Memorias de una maleta, por Marina Sánchez

“Julio Cortázar una vez escribió “Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”.

Soy consciente de que puede parecer dramático comenzar el relato de mi tiempo en un Colegio del Mundo Unido con esta frase. Sin embargo, uno de los mayores problemas que encontré escribiendo este breve “discurso”, fue la incapacidad de expresar todo lo vivido y su significancia. Por ello decidí que, a falta de palabras para contar mi propia experiencia, compartiría con vosotros la historia de mi maleta.

Es una maleta extraordinariamente ordinaria, marrón claro, con medidas de 55cm x 40cm x 20cm para entrar en todas las cabinas, y un asa que había vivido días mejores.

La primera vez que fue desempolvada, era una tarde calurosa de agosto. Pensándolo ahora, debió de ser un día agitado para esa pobre maleta, pues pasó de ser un mero elemento decorativo en el ático, a ser pedida que transportara una vida. Una semana más tarde, se despediría del que siempre había sido su hogar, guiada por el férreo asimiento de una mano aún algo infantil. Atravesó mares, movida por la turbina de un avión y el motor de la ilusión característica de los nuevos comienzos. Solo para llegar a un pequeño pueblo al norte de Italia, plagado de sonrisas y atardeceres que hacían del mar un lienzo en llamas. Una utopía, donde la diversidad era celebrada y las ideas cultivadas. Un mesocosmos, conformado por el idealismo, la pasión y la determinación, de un grupo de jóvenes inconformistas, que luchaban por hacer que su voz fuera escuchada. Tres meses pasaron, volando como las golondrinas de Becquer, y antes de que pudiera darse cuenta, nuestra peculiar protagonista era abierta una vez más. Esta vez para ser llenada de zapatos desgastados, después de incontables paseos que se alargaban durante horas, libros pasados de generación en generación, tarea que resultaba igualmente lúdica como educativa y recuerdos que compartir, que parecían más ficticios que reales.

Para contar la siguiente parte de esta historia, debemos avanzar en el tiempo hasta enero. Enero, que marca el principio de un año y el comienzo de un nuevo trimestre. Enero con sus noches largas y sus días cortos, en los que parecía que el viento marino- o Bora como la llaman los lugareños- te retaba a desafiar gravedad. Enero, en el que las conversaciones interminables ahora tenían una duración fija y ocurrían en la biblioteca.

Los siguientes meses fueron intensos para la entonces ya algo desgastada maleta. Pasó de observar inmóvil el monótono vaivén de gente, que salía y entraba de una pequeña habitación, a ser herida en batalla en el maletero de un avión de Ryanair o casi asfixiada en un autobús de quince horas.

Fueron tiempos caóticos, felices, tristes y demás adjetivos, que no son capaces de capturar la esencia de lo vivido. Tiempos plagados de clases que continuaban fuera del aula y discusiones que no podían ser encapsuladas en el transcurso de una lección, de aprendizaje y no solo el académico. Se nos enseñó a ser valientes, a poseer el tipo de coraje necesario para defender tus ideas, para apoyar aquello en lo que verdaderamente crees, para luchar por el futuro que consideramos merecer, para aprovechar las oportunidades a nuestro alcance, para crecer.

Crecer. Un concepto aún complicado de definir. Pues, aunque la maleta, definitivamente no aumentó en tamaño, la mano que la empujaba y arrastraba sí lo hizo. Sin embargo, aunque el fenómeno mediante el cual las falanges de nuestros dedos se alargan, resulta fascinante desde un punto de vista biológico, este no es el tipo de crecimiento que pretendía describir. El proceso del que me gustaría hablar, es algo mucho más gradual e intangible, concierne desde aprender cómo poner tu primera lavadora -solo para descubrir que toda tu ropa ha encogido-; hasta saber cómo lidiar con todas aquellas decisiones que antes no eras libre de tomar. Decisiones que incluyen el delimitar tu propio espectro moral; el saber priorizar y manejar un tiempo que parece escurrirse entre los dedos; el aprender cómo reaccionar ante el fracaso o la decepción.

Sería ingenuo y una simplificación, el pensar que toda esta evolución vio su principio y fin en el transcurso de meros meses. Mientras que la experiencia en el Colegio del Mundo Unido lo catalizó, mi maleta estaría de acuerdo en decir, en que este es un proceso inconcluyente, que sigue desarrollándose hoy, como lo hará mañana y dentro de 4 años.

Finalmente, tras este intenso primer año, mi equipaje y yo embarcamos en un último avión, rumbo a España, rumbo a casa. Dejamos atrás las aguas impecablemente azules del Adriático, una habitación que solíamos llamar nuestra y amigos que se habían convertido en familia. A día de hoy, ese vuelo de apenas dos horas, sigue siendo el viaje más triste que jamás he realizado.

Tres calurosos meses de verano después, volvimos a lanzarnos a la aventura. Las mismas fechas, la misma ruta aérea, la misma anticipación. Todo era igual, excepto que nada lo era. La maleta mantenía su característico color marrón, pero ahora desgastado y repleto de cicatrices, señales de sus encuentros y desencuentros; las mismas medidas estándares, pero esta vez cargando solo con la mitad de una vida; el asa no tan funcional, pero con un lazo rojo encubriendo sus imperfecciones. La misma persona empujándola por pasillos llenos de gente, pero más mayor, con un paso más firme y un asimiento más relajado.

No pretendo mentir, esta última etapa de la crónica no es tan agradable o utópica como las anteriores. Atrás quedaron las tardes apacibles de contemplar atardeceres y meditar sobre los “misterios de la vida”, solo para ser remplazadas por interminables sesiones de estudio, corriendo contrarreloj para terminar una ola de trabajos que amenazaba con ahogarte. Este trimestre tiene un sabor a café en polvo barato, servido sin leche y en cantidades suficientes para encubrir las horas de sueño perdidas. Resuena a preguntas y decisiones, mucho menos abstractas y más urgentes, que las previamente nombradas, ¿qué estudiar y dónde? ¿qué ensayo priorizar? ¿a qué futuro aspirar?

Sin embargo, la sola existencia de estas preguntas, aun con el estrés y cansancio que conlleva responderlas, denota lo afortunada que soy.

Hace dos años mi vida era un camino lineal, sin bifurcaciones, prediseñado para seguir un único y simple recorrido; terminar el instituto, hacer la selectividad y entrar a la universidad, probablemente en Madrid o Valladolid.

No me malentendáis, este no es, ni por asomo, un mal plan de vida. Sin embargo, no puedo evitar sentirme increíblemente afortunada porque me hayan dado la oportunidad de elegir si es el que yo quiero seguir.

Mi futuro se ha ramificado y dónde antes solo había una salida, ahora hay un abanico de ellas. Solo recae en mí el decidir.

Decisiones como ésta dan miedo, parecen sobrepasarte y empequeñecerte, y no obstante, no cambiaría por nada la oportunidad de poder tomarla.

Por todo esto, no puedo decir que me entristecí cuando finalmente las puertas del instituto cerraron y mi omnipresente maleta y yo nos subimos al autobús 51 rumbo al aeropuerto. Ahora bien, tampoco puedo afirmar que me alegré completamente.

En un mes doblaré un par de sudaderas, los pocos libros que traje a casa y demás pertenencias, y cogeré mi último vuelo rumbo al pequeño pueblo de Duino. Ese será el principio del final, la prima frase del capítulo concluyente, de lo que han sido los dos mejores años de mi vida. Dos años cargados de verbos como crecer, aprender, conocer, crear, entender, sentir, pensar, descubrir.

Intenté escribir las memorias de una afortunada maleta, sin embargo, enmarascar esta crónica como suya sería un engaño. Esta es la historia de mi maleta, pero también es la mía. Es un particular diario de mi experiencia en el Colegio del Mundo Unido del Adriático, y el impacto que ha tenido en mí como persona.

Se me dio una oportunidad, y el tomarla me ha cambiado la vida. Hace dos años la mera idea de estar aquí, dando este discurso, describiendo mi experiencia en un Colegio del Mundo Unido, parecía un sueño demasiado distante para ser siquiera considerado como factible. Y sin embargo suerte, destino o casualidad, hizo que alguien creyera en mí, derribando esa brecha entre lo inverosímil y lo posible.

Por esto, lo último que quiero decir es gracias. Gracias por hacer mis sueños realidad, y por darme la posibilidad de seguir soñando. Gracias por darme un presente demasiado satisfactorio para ser real y un futuro”.